viernes, 13 de julio de 2018

Sur bonaerense III (Puerto de Quequén)

Como conté antes en mi última nota luego de visitar Balneario San Cayetano me dirigí hacia la ciudad de Necochea exclusivamente a la escollera del puerto, donde están los lobos marinos sudamericanos (Otaria flavescens) que de por si vale la pena observarlos, aunque mi objetivo principal era ver si había paloma antártica (Chionis alba) y si era posible mejorar fotos de la especie que ya había visto en ocasiones anteriores en los puertos.
Necochea es una ciudad de mediano tamaño de acuerdo a parámetros de lo que es Argentina, con unos 120.000 habitantes junto a la vecina localidad de Quequén, del  otro lado del río homónimo y en la actualidad forma prácticamente un centro urbano unificado junto con Necochea. En la desembocadura del río y en la localidad de Quequén se encuentran las instalaciones principales del puerto, del lado de Necochea en cambio está la escollera y el apostadero de los lobos marinos.
Luego de atravesar toda la ciudad, algo de tránsito y semáforos llegué al apostadero de los lobos marinos. Tal vez por el día soleado había gente que iba y venía en autos desde una punta a la otra de la escollera, algo que perturbaba seguramente a los lobos marinos, los automovilistas les pasaban muy cerca, quizás molestos porque varios de ellos pasaban de un lado al otro de la alzada con su lento desplazamiento característico, no vi mucho respeto hacia estas criaturas; no había nadie que controle el lugar, suele haber personal de Prefectura Naval pero no vi  a nadie en ese momento, en especial para resguardar a transeúntes desprevenidos que podrían ser heridos si se acercan demasiado a los mamíferos acuáticos; incluso podría haber personas que molesten a otras o cometan delitos, no falta nunca el que grita algo desde un auto en marcha cuando uno saca fotos.

Ni bien llegué enfilé para la escollera pero al ver mucho tránsito en tan angosto camino viré hacia atrás antes en un sector de banquina ancha y me volví  hasta estacionar en un terreno descampado que funcionaría como un estacionamiento público improvisado. Caminé unas decenas de metros y los  otáridos me recibieron con su penetrante hedor pero no le di importancia ya que vi varias palomas antárticas y una gaviota disputándose un festín, que no era cosa que materia fecal de lobo marino, sin dudas una situación hermosa para fotografiar aves y su comportamiento, solo los que nos gusta la naturaleza creo que podemos sentir gusto en hacer fotos y una filmación sobre esa clase de alimentación de las aves.


Paloma antártica (Chionis alba)



Gaviota cocinera (Larus dominicanus) juvenil












Estuve muy compenetrado con ver y fotografiar que ya casi ni me daba cuenta de la fragancia que despejaba mis fosas nasales, más cuando me voy a un costado de la lobería y a orillas del agua, entre los  lobos y dos pescadores humanos, desde allí algunas aves recorrían la costa caminando en busca de restos de piel, basura, materia fecal y vaya a saber uno que otro delicatessen para engullir. En un momento mientras fotografiaba las palomas antárticas un macá plateado había pasado cerca mí nadando y zambulléndose reiteradas veces, solo lo vi desde atrás y algo alejado, de todas maneras le hice fotos porque hacía más de un año que no veía a esta especie.


Lobo marino sudamericano (Otaria flavescens)







Macá plateado (Podiceps occipitalis)












Mucho más no se veía, solamente algunas gaviotas yendo y viniendo, los lobos marinos descansando; como las palomas antárticas se fueron retirando de mi vista detrás de los lobos marinos y a medida que el sol iba bajando me di cuenta que era tiempo de terminar con la observación y emprender camino a la localidad de Lobería, distante a poco más de 50 km, donde debía encontrarme con la gente del COA y dar una charla de aves, pero eso lo contaré en la próxima entrada.


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