miércoles, 29 de enero de 2014

Historia de un pichón de zorzal colorado

El día 31 de diciembre mientras iba trabajando, vi en una vereda en la esquina de Rivadavia y Rojas, en San Miguel del monte, a un pichón maltrecho, lo recojo y veo que está con problemas en las patas y la piel, se movía muy poco. Lo dejo en un cantero con gramilla, semi-oculto y luego de una hora al volver por el lugar lo traslado al trabajo, lo dejo en una caja, para luego a la hora de la salida llevarlo a mi casa y si era posible recuperarlo. Lo que me extrañó fue que donde lo encontré no había árboles ni señales de haber nido cerca,  tampoco vi revoloteando en las inmediaciones a algún zorzal colorado.
Lo comenzamos a alimentar al principio con trocitos de pan mojado para pasar inmediatamente a pequeñas cantidades de carne e insectos. Mi señora lo llamó "Tolo"
Los días pasaron y se alimentaba bien, le dábamos carne, lombrices, ciempiés, bichos bolita y otros insectos.
Comenzó a caminar con dificultades ya que una pata la tenía con todos su dedos doblados hacia adentro. También tenía al parecer una enfermedad en la piel, que le hacía perder algunas plumas y en algunas de ellas se veía una especie de caspa, desluciendo un poco los colores.
Pasaron los días y comenzó a volar adentro de mi casa, posándose en muebles, tachos de la basura, taparrollos y puertas, dejando muchas veces sus "recuerdos" por todos lados, había que ir atrás limpiando. Muchas veces nos seguía y se nos posaba en el hombro o seguía nuestros pies.
En ocasiones, en un rincón donde arrojo restos de poda, escarbaba con la pala para buscar insectos y lombrices, y durante los últimos días lo dejaba posado en un tronco para que mirara los insectos y gusanos, que de a poco comenzó a comer solo. Cuando lo sacaba afuera su comportamiento cambiaba, se volvía  muy parco, poco activo, muy diferente que cuando estaba en el interior de la casa.
El pasado sábado 25 de enero, escarbé con la pala, le di algunas lombrices y lo dejé solo mientras me disponía a cortar un cerco de ligustrina. En un momento el Tolo se voló  a la ligustrina, quedó unos segundos allí, hasta que decidí sacarlo de ese sitio, pero para mi sorpresa lo vi como desconocido, me miró con desconfianza y se voló a la propiedad lindera.
Paso a buscarlo y lo vi en un paredón, pero al acercarme se voló arriba de un árbol en otra propiedad. Cuando lo quise bajar de ese árbol, volvió a la propiedad anterior pero en lo alto de un paraíso, desde donde me miraba tranquilo pero sin ganas de volver con nosotros.
Le tomé unas últimas fotos, lo observé un rato más, se acicalaba, luego vocalizaba. me dispuse a continuar con la poda hasta que con el pasar de los minutos lo oigo más lejos. A la tarde lo buscamos con mi familia pero no hubo  rastros.
Solo me queda la alegría de haberlo salvado de una muerte segura, pero me queda el sinsabor de  que se haya ido pronto sin haber aprendido lo suficiente para valerse por si solo a pesar de mis esfuerzos. Ojalá el Tolo se las haya arreglado a pesar de las adversidades y continúe volando por el barrio durante muchos años más.

1 de enero


El Tolo y Agustina

11 de enero


25 de enero
Últimas fotos tomadas en el paraíso del I.S.F.D. 66


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